Hoy escuché una frase que decía que aunque nos olvidemos de nuestros sueños, ellos no se olvidan de nosotros. Entonces me puse a pensar en cuáles eran mis sueños.
Yo tengo la plena seguridad de que mi etapa de mayor crecimiento fue a los 14 años. Fue cuando decidí vivir. Hasta ese momento y hasta un par de años después, mi único sueño, mi único anhelo importante era el de ser feliz. Y lo fui tiempo después.
Hoy tengo 18. Vivo feliz. Y soy lo que quería ser: ni mucho más, ni mucho menos que eso.
¿Pero cuáles son mis sueños?
La RAE dice que los sueños “son cosas que carecen de realidad o fundamento, y, en especial, proyectos, deseos, esperanzas sin probabilidad de realizarse.”
Todos mis proyectos tienen grandes porcentajes de realizarse. Sé lo que quiero. Dije que no voy a parar hasta tener mi título universitario en la pared y así va a ser, a menos que caigan sapos del cielo. Confío en mí, porque sé que todo se puede lograr si uno se lo propone. Tengo metas, destinos a los cuales quiero llegar, pero ninguno de ellos carece de fundamento o realidad, por lo tanto no son sueños. No tengo sueños. No creo en las cosas utópicas. Soy realista y no soy de abandonar mis batallas.
Cuando digo que yo siempre espero es porque tengo la certeza de que todo lo que quiero va a llegar.
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