Ella lo miró y supo que era el adiós. Que no volvería a verlo vagando por las calles de una ciudad que no era la suya, cargando su mochila repleta de todos sus bienes terrenales.
Entendió que enamorarse de un jóven nómade no era una buena opción.
Lloró, sabiendo que sus palabras y lágrimas no lo atarían al sedentarismo, que era en vano, que él estaba en el sur en busca de aventuras, no de una prisión afectiva.
Pero es que se había enamorado de ese hombre libre, había sido tentada por la libertad que emanaba. Era un alma sin cadenas que vivía cada día como el último.
Se enamoró de su sabía juventud, de sus ideales.
Le gustó su forma de vida, la misma que ahora forzaba la despedida.
Le regaló otro beso, sabiendo que no habría más y retrocedió un par de pasos. Lo miró por última vez con la tristeza de quien se sabe abandonado y cerró la puerta.
Entonces, mirando fijo la pared, se prometió no volver a fijarse, nunca más, en un mochilero.
2 comentarios:
Hay un error ahi, ya te diste cuenta, no debes poder corregirlo, creo...
No queria comentar antes para no demostrar mi condicion de espia, no?
Te di la pista, I read you. Read esta en tiempo pasado, no lo tomaste en cuenta, no importa, ahora que lees esto sabes. Siempre o hice y siempre lo voy a hacer, si se dan las oportunidades.
Ah, me olvidaba de dejarte un beso cibernetico que posiblemente nunca llegue, pero vale la pena intentarlo.
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