15 de diciembre de 2006

Chasing Cars I

Él:
- me están pasando cosas raras con vos
- pero la rareza posee encantos inextrañables
yo:
- No pueden pasarte cosas normales conmigo, porque ni yo ni vos somos normales
Él:
- tenés razón
- vas camino hacia algo en mí, algo único
yo:
- al menos voy
Él:
- al menos?
yo:
- peor es no ir en ninguna dirección
Él:
- ya lo sé, estuve casi 15 años así
yo:
- yo 14 y un poco
Él:
- vos estás media triste?
Yo:
- vos me contagiaste
Él:
- perdón
Yo:
- no te culpé de nada

3 comentarios:

Fenris dijo...

Continuando con el post anterior, sibyl, ¿vos también pertenecés a esta categoría (que estoy inventando sobre la marcha, lo admito, pero es que me siento identificado) de quienes no pedimos perdón porque no queremos que nos lo pidan?
Después de todo nuestras acciones son plenamente conscientes o no son nuestras... con el animal que mata para alimentarse no nos enojamos ni le reclamamos disculpa alguna.
Y mucha gente está más cerca de ese comportamiento que del otro.

Sibyl Vane dijo...

No creo en el perdón, no creo en el arrepentimiento. Porque el pasado no puede cambiarse.

Pedir disculpas a alguien es sólo para sentirse menos culpable.
Somos conscientes de todos nuestros actos (o su mayoría), por lo tanto, de que sirve arrepentirse?

No pido perdón y no perdono, porque no tiene sentido para mí. Simplemente trato de olvidar.

Todos mis saludos para vos.

Fenris dijo...

Eso es lo inútil del perdón también: ni siquiera es necesario que intentemos recordar, porque lo hecho ya está en nosotros, forma parte de nuestra naturaleza, de quienes somos ahora...
El arrepentimiento no borra ni el pasado ni, por suerte, nuestra personalidad actual, su consecuencia directa. Es una fórmula de compromiso, de expiación, como vos decís. Y sinceramente no tengo un uso para eso.

Todos mis saludos para vos también!