De eternidades contempladas que no volverás a ver.
De la extremidad en la que abandonaste tus ideales sin importar los restos, sin importar su valor.
Del honor que poseías mucho antes, cuando tu orgullo embelezaba a todos.
Del odio que te unía, que te aferraba a la vida que ya no tenés.
De tu fenomenal inteligencia, tu extravagancia ilimitada, tu locura despiadada y de las verdades que simpre (me) ocultabas.
Todo lo desvanecido, lo que no volveré a ver.
Tu luz. Tu sombra. Toda tu exaltación que ya no podré presenciar.
El alba que ya no podemos contemplar juntos. El silencio.
Mis lágrimas y risas que ya no verás.
El tiempo que no intentarás entenderme, ni yo a vos.
Simplemente porque ya no estás.
Porque tus palabras se fueron junto con tu vida, porque no hay consuelo que alcance.
Porque ya no quedan rastros de tu presencia melancólica.
Porque simplemente ya no existís físicamente.
Tus fantasmas son ahora los únicos que me acompañan...
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