Hace meses que me siento necesaria, cuentan conmigo, soy prescindible pero no reemplazable. Jamás había sentido tal sentimiento, ese sentido del deber para con un grupo de personas.
Alguien decía, I'm not young enough to know everything. Y es cierto, llegué a esa edad en donde dejás de comerte el mundo y empezás a entender que no sabés nada, que no te va alcanzar la vida para tantas bibliotecas, para tantas experiencias, lugares y personas. Pero lo bueno de mi caso, es que tengo conciencia que mi mayor responsabilidad y placer es ése, el de llegar lo más lejos posible.
Es tan gratificante sentir que uno hace lo correcto, o que al menos lo intenta, que no importa llegar alto, sino recorrer todo el camino, disfrutarlo, vivirlo. No necesito grandes reconocimientos, sólo necesito saber qué doy lo mejor de mí, y que quienes me rodean apoyan mis movimientos, mis dudas, mis aciertos.
Soy como un nene chiquito que dió su primer paso. Me quedan años de militancia del conocimiento y la participación para correr. Años de coherencia entre el pensamiento, la palabra y el hecho. Pero éste es el camino, y no podría estar más satisfecha al respecto.