12 de mayo de 2008

Tenía catorce años y huía



Sale el sol otra vez. Igual que ayer. Igual que mañana.
Y otra vez encuentro tu cara, mirándome sin entender.
(Demasiadas mañanas apuradas. Demasiadas tardes persiguiéndome. Y nunca pudiste entenderlo. Nunca.)

Hoy te vi, entre la gente te vi, pero no estabas. Eras sólo un recuerdo, una sonrisa grabada en mí. Ninguno de ellos lo notó, pero yo estaba recordándote. Y miraba ese paisaje que la rutina ya no me deja apreciar, y te pensaba, te imaginaba cercano como el ancho de espadas.
(Hace más de dos años de la última vez que te vi, quizás tres.)

El chico sentando enfrente mío se parecía a vos, por un segundo creí que querías pasar por incógnito estando tan cerca de mí, pensé que quizás no me reconocías. Pero cuando la luz solar volvió me fue obvio que no eras vos.
(No tenía nada parecido a vos, no se reía con ruido, no gritaba cada vez que decía "truco vale 4".)

Me paré cuando divisé mi destino, lancé mi mejor sonrisa a los testigos, y me bajé del colectivo.
(El chico había perdido cuatro partidos seguidos, nunca podría haber sido vos: vos siempre ganaste, incluso cuando perdiste)

Tenía catorce años y huía, con la convicción de que era el camino acertado.
Tengo 18 y ya no huyo, porque sé que el sol mañana va a salir.


*La frase del título no es mía. Y la foto es de Eugenio Recuenco