
Y cuando abrí los ojos ya no estabas. Habías huido en busca de libertad, en busca de seguridades. Aquello que yo no podía ofrecer, ni a vos ni a nadie.
Y que si lo que vivimos valió la pena, es un opinión. Pero al menos yo sé que te elegí, que observé cautelosamente todos los peces de mi mar y te escogí a vos, que me cegabas con el brillo de tus escamas. Te elegí y me propuse conquistarte; no sé cómo, pero lo logré.
A veces no soporto la idea de seguir escribiendo sobre vos tanto tiempo después de ese nosotros.
Pero no puedo evitarlo, tu recuerdo sobrevuela mi mente cada vez que alguien te nombra, o cada vez que escucho alguna de esas canciones malditas.
No reniego del pensamiento de muchos, que dicen que si aún te recuerdo vivamente es porque aún siento algo por vos. Posiblemente yo sigo queriéndote a mi manera, de la forma poco común en que te amé en ese instante duradero.
Y aunque hoy yo nade en otros mares, aunque haya encontrado escamas aún más brillosas, sigo recordándote con un suspiro liviano seguido de una sonrisa pícara.
Porque sé que fui poco para vos, pero es que eras demasiado para mí.
Imagen: "Singing fish", Joan Miró
