A veces se me cruza la idea de que estoy haciéndolo mal. Pero sólo por un instante.
Mi orgullo, ese que siempre se impone, busca entender sin mostrar debilidad.
No me pidas que cambie de cielo por vos...
No quieras que todo se arregle con facilidad. No importa lo que hagas, si tus movimientos siguen indirectamente pidíendome conversación, no voy a hablarte, no voy a rendirme así nomás. Nunca lo he hecho, y hoy no es el día en que las personas cambian...
A esta altura no me duele en lo absoluto. No me importa tu cara idiotizada, ni tu silencio indagador.
No me conmueve tu sencilla agonía. No me toca tu dolor.