El era un angel, sin alas. Lo era la mayoría de sus días.
Era especial. Cargado de amaneceres sin luz.
Me engañaba siempre que podía y lo amé por eso. Lo extraño por eso. Y lo sigo amando aún hoy.
Quise ser todo para él, pero hoy siento que no logré complacerlo. Él decía no importarle, pero yo sentía la necesidad de retribuirle su afecto.
Me sentía inmortal a su lado, eterna. Sentía el firmamento lamiendo mis pies.
Todavía no estoy segura de porqué me fuí. Sólo recuerdo que al irme, su despedida fue: Hasta siempre ninia gris...
Sólo recuerdo su mirada fria, que quedó grabada en mí, por siempre. Solamente recuerdo su espectral prescencia. Sólo recuerdo el amor.
Marcos fue así, me lo dió todo sin pedir nada a cambio. Él me entregó su sabiduría y yo lo inundé con mis penas.
Me sentí inservible, creí que no tenía nada que ofrecer. Por eso me fuí, como hago siempre.
Tengo la maldita costumbre de que cuando algo está por empezar ya busco el final. Espero que algún día se me pase. Espero...
Marcos me amaba, lo sé. Y también sé que la amaba a ella.
Pero no lo culpo, ella podía ofrecerle un par de ojos azul profundo. Yo no.
Ella es como una princesa de la realeza. Y yo una simple plebeya de ojos marrones.
Pero Marcos me amaba.